Termitas y carcoma en fincas centenarias del centro de València
El centro de València está lleno de edificios que rondan o superan el siglo de vida. Casas de vecinos en El Carme, palacetes reconvertidos en Sant Francesc, fincas de renta antigua en Velluters. Casi todas comparten un mismo esqueleto: forjados de vigas de madera que llevan cien años aguantando el peso de los pisos. Y esa madera, tan bonita cuando se deja vista en una reforma, es también el alimento de dos bichos que confundimos a menudo: la termita y la carcoma.
No son lo mismo, y saber cuál tienes cambia por completo el tratamiento. Vamos a aclararlo.
Termita y carcoma no son el mismo problema
La termita subterránea vive bajo tierra y sube a la madera buscando celulosa y humedad. Trabaja escondida: no verás el insecto casi nunca, sino sus rastros. Ataca la estructura de abajo arriba y puede afectar a toda una finca porque la colonia se mueve entre viviendas por el hueco de las tuberías y los muros.
La carcoma es un escarabajo cuya larva excava galerías dentro de la madera durante años. El adulto sale, deja un agujerito redondo y un poco de serrín fino, y vuelve a poner huevos en la misma pieza. Suele quedarse en muebles, vigas vistas, puertas y artesonados, sin ese carácter "invasor" de la termita.
Dicho en corto: la termita es un problema de edificio; la carcoma, casi siempre, de una pieza concreta. Aunque en una finca antigua es perfectamente posible tener las dos a la vez.
Cómo distinguirlas sin ser técnico
Fíjate en el rastro, que es lo que dejan a la vista:
- Serrín fino como polvo de talco debajo de una viga o un mueble, con agujeritos redondos de un par de milímetros: eso es carcoma.
- Cordones de barro (los llamamos cañitas) subiendo por una pared, un rodapié o el hueco de una bajante: eso es termita.
- Alitas transparentes sueltas en el alféizar en primavera: termita enjambrando.
- Madera que suena hueca al golpear y cede al clavar un destornillador: puede ser cualquiera de las dos, ya avanzada.
Si tienes dudas, guarda una foto del serrín o del rastro. Nos ayuda muchísimo a orientar la visita antes de subir.
Por qué el casco antiguo lo pone tan fácil
Las fincas centenarias del centro reúnen todo lo que estos bichos buscan. Humedad de sobra, porque estamos cerca del cauce y el nivel freático es alto. Madera vieja y abundante en forjados y cubiertas. Y reformas parciales: se rehabilita un piso y no el de abajo, se abre un falso techo y se cierra sin revisar la viga, se cambia el baño sin mirar la vigueta que hay detrás del alicatado.
A eso se suma que en muchos edificios nadie mira los bajos, los entresuelos ni las cámaras bajo cubierta durante años. Cuando aparece el problema, ya lleva tiempo trabajando.
Qué no conviene hacer
Lo más habitual, y lo menos útil, es pintar o barnizar la viga dañada para "sellarla". Solo tapa el aspecto; la larva o la colonia siguen dentro. Tampoco sirve el insecticida de droguería: no penetra en la madera ni llega a una colonia subterránea. Y cambiar una viga sin tratar el resto de la estructura es tirar el dinero si el foco sigue activo al lado.
Cómo tratamos la madera nosotros
Cada finca es un mundo, así que primero inspeccionamos y confirmamos qué hay. A partir de ahí, el tratamiento de termitas y carcoma suele ir por una de estas vías:
- Carcoma: inyección de gel o líquido en las galerías y tratamiento superficial de protección. En piezas muy afectadas, valoramos si compensa sustituir y proteger la nueva.
- Termita subterránea: sistema de cebo en estaciones alrededor del inmueble, para que las obreras lleven el producto a la colonia y la eliminen desde dentro. Es limpio y discreto, ideal en fincas habitadas.
- Seguimiento: ni la termita ni la carcoma se cierran en una sola visita. Revisamos hasta confirmar que la actividad ha parado.
Cuando el problema afecta a la estructura común de un edificio, hablamos con la comunidad de vecinos y planteamos un plan conjunto. Sale más a cuenta a todos y evita que la colonia rebote de un piso a otro. Trabajamos por todo el centro, de El Carme a Velluters, y en la comarca de València.
La madera avisa pronto si sabes mirar
Una viga tarda años en llegar a un punto de riesgo, pero da señales mucho antes: un poco de serrín, un agujero nuevo, unas cañitas de barro en el garaje. Si vives en una finca antigua del centro y has visto algo de esto, no esperes a la reforma para mirarlo. Llámanos al 960 00 00 00 y concertamos una inspección para saber exactamente qué tienes y cómo frenarlo.